Elefantes

Yo que no tengo coche y me dan miedo las motos aunque me encantan. No creí que fuera nunca a ir en elefante como medio de transporte.

Pues es genial.

No es el medio más rápido, pero sí el más imponente. Va lento pero no se hace largo, porque oye, vas encima de un elefante y eso mola mucho.

Te quedas con esa sensación de ser un poco Tarzán y eso que vas con su cuidador\conductor y bien sentada sobre una especie de plataforma que le ponen al cuadrúpedo. Sólo dos personas y cuatro viajes máximo por elefante. Están protegidos, afortunadamente.

No creo ni que nos notara mucho, da igual que la dieta sólo dure hasta el fin de semana, para él, somos agua de borrajas.

Se mueve y te mueves de lado a lado, cual atracción de feria. Observas a los otros feriantes moverse de forma absurda y sabes que están pensando lo mismo de ti.Y qué más da. Vamos en elefante.

Es una larga fila de porteadores inmensos  subiendo y bajando la cuesta pedregosa hacia el Fuerte Amber, a unos 11 km de Jaipur, en las región del Rajastán.

Todos nos bamboleamos más o menos fuerte, según nuestro amigo decida, dando gracias por no llevar chancletas. Hubieran volado al tercer paso. Te agarras intentando mantener la dignidad, como si lo hicieras todos los días, pero el elefante gana y acabas riendo y aceptando que no, que eso no lo haces todos los días y acojona caerse entre tanto elefante, entre sus patazas de paso indiscutible. Por no hablar de la altura de la caída, que no es tontería y aunque en las fotos no parezca para tanto. Con la gravedad no se juega.

Lo peor los vendedores. La India y sus vendedores ambulantes son tema aparte. Gritan a la gente y les intentan vender lo que sea. Si ven un atisbo de mirada, ya ni de interés, sólo con que te pillen que les miras de reojo, la has fastidiado. Van en masa. No exagero.

Ha habido problemas en Fuerte Amber y alguna persona ha fallecido en esa excursión, y no por los elefantes, si no por los vendedores. Gritan y gritan, se acercan mucho a los animales (los de encima y debajo) para intentar vender una alfombra, una camiseta o unos bolis con espejos. Se acercan al máximo, porque claro, si te interesa una alfombra ¿porque no vas a comprar un espejo? Es su lógica y ponen nervioso a cualquiera, entre ellos a nuestros amigos gigantes, que no saben qué hacer para quitárselos de en medio. Y no es lo mismo si tú o yo reaccionamos que si lo hace ÉL.

Y así es como han ocurrido accidentes mortales que hacen que suba la adrenalina cuando los vendedores vociferan desde cualquier parte del camino, y se acercan, tanto tanto que es demasiado, por más que esté prohibido.

Al final el verdadero peligro está en el desconocimiento y la imprudencia humana.

Ninguna sorpresa.

El Fuerte Amber genial, fantástico, maravilloso, único…pero en el fondo, mi cabeza pensaba más en nuestro elefante.

 

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